“Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” Mt. 28,10

31 ago 2010

Extracto de Carta Fundacional

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Galilea era una de las provincias en que estaba dividida Palestina. Se la llamaba “Galilea de los gentiles” por el gran número de extranjeros que allí residían; era una región marginal, insegura, heterogénea, donde vivía gente que procedía de varios pueblos; abierta a las influencias exteriores paganas, una verdadera encrucijada de culturas y creencias diferentes.

Sin embargo, es el lugar elegido por Jesús:

En Galilea comenzó su predicación, milagros, signos que dejaron traslucir el misterio de su persona y el sentido de su misión.

Muchos habitantes de Galilea comienzan a seguirlo; y entre ellos, elige a los doce que serán sus apóstoles. Es aquí donde el Señor los invita a ser “pescadores de hombres”. Por los caminos de Galilea Jesús instruye a sus discípulos, preparándolos para seguir sus pasos y continuar su Causa.

Cada uno de nosotros tiene una Galilea en algún lugar de su corazón, su “Galilea interior”, donde el Señor lo precede y lo espera. Jesús resucitado se manifiesta en nosotros, resucitándonos con Él, nos permite reencontrarlo, concediéndonos la gracia de encontrarnos nosotros mismos.

Como comunidad, anhelamos seguir encontrando al Señor resucitado en nuestra Galilea, para responder juntos a su llamado: "Echad las redes y encontraréis". (Jn. 21, 4-6).

Como comunidad palestrista, no queremos ocultar la Luz que recibimos, son su claridad, queremos discernir las últimas palabras que Jesús resucitado dirige a sus discípulos: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos míos todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,16-20).

Convencidos, al igual que san Pablo que la Buena Nueva no está reservada a un grupo minoritario, a una raza, a una nación, a una cultura… sino que es universal, queremos asumir nuestro compromiso apostólico en el ambiente urbano, que hoy actualiza la realidad de la “Galilea de las naciones” donde Jesús inició su predicación.

Ante la nueva realidad de la ciudad, surgieron actitudes de miedo a la pastoral urbana: una tendencia a encerrarse en métodos antiguos y tomar una actitud de defensa ante la nueva cultura que surge en las ciudades.

La fe nos enseña que Dios vive en la ciudad, las sombras que marcan lo cotidiano de las ciudades: violencia, discriminación, pobreza, individualismo, exclusión… no pueden impedirnos que busquemos y contemplemos al Dios de la Vida, también en los ambientes urbanos.

El proyecto de Dios es “la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén”; queremos ser una comunidad al servicio de la realización de esta Ciudad Santa, proclamando el Evangelio a los marginados, devolviéndoles su dignidad de personas amadas por Dios, y así poner nuestro granito de arena para ir transformando en Cristo la ciudad actual.Queremos recuperar en el ambiente urbano, nuestra identidad cristiana, ayudar a la Iglesia en la Nueva Evangelización, nueva en su ardor y en sus métodos, para ser discípulos y misioneros al servicio del reino de Dios con una opción preferencial por los excluidos.*

Queremos invocar la asistencia constante del Espíritu Santo para salir, sin temor a esa Galilea que ya conocemos porque formamos parte de ella, “será la calle nuestra trinchera”, con la seguridad de que Jesús estará en comunión permanente con nosotros.

"¡Galileos qué hacéis ahí sentados mirando al cielo. Volved a la ciudad, al trabajo, al día a día, pero siendo sus testigos en todo lugar y hora, en ambientes eclesiales y fuera de ellos. Que "la memoria de Jesús" no sea simple nostalgia, sino impulso de seguirlo y llevar a los hombres hacia el Reino de los cielos!


*Documento conclusivo de Aparecida. La opción preferencial por los pobres y excluidos. La pastoral urbana. Discípulos y misioneros en la vida pública. (V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y El Caribe).

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