“El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.” (Beata Teresa de Calcuta)
El Catecismo la define como "la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes". Es una manifestación concreta del Amor entre Dios y el hombre. Es necesario para el cristiano el diálogo amoroso con el Padre para poder descubrir su voluntad. La oración no es solamente un momento en medio de nuestras vidas, sino que es una forma de vida que adoptamos.
Es Dios quien llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso con Él (Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca. Así es como el Padre les concederá todo lo que le pidan en mi Nombre – Jn. 15, 16- ). La oración acompaña a toda la historia de la salvación como una llamada recíproca entre Dios y el hombre.
El Evangelio según san Lucas subraya la acción del Espíritu Santo y el sentido de la oración en el ministerio de Cristo. Jesús ora antes de los momentos decisivos de su misión: antes de que el Padre dé testimonio de Él en su Bautismo y de su Transfiguración, y antes de dar cumplimiento con su Pasión al designio de amor del Padre; Jesús ora también ante los momentos decisivos que van a comprometer la misión de sus apóstoles: antes de elegir y de llamar a los Doce, antes de que Pedro lo confiese como "el Cristo de Dios" y para que la fe del príncipe de los apóstoles no desfallezca ante la tentación.
La oración de Jesús ante los acontecimientos de salvación que el Padre le pide que cumpla es una entrega, humilde y confiada, de su voluntad humana a la voluntad amorosa del Padre.
Jesús se retira con frecuencia en un lugar apartado, en la soledad, en la montaña, con preferencia durante la noche, para orar. Lleva a los hombres en su oración, ya que también asume la humanidad en la Encarnación, y los ofrece al Padre, ofreciéndose a sí mismo. Él, el Verbo que ha "asumido la carne", comparte en su oración humana todo lo que viven "sus hermanos" (Hb 2, 12); comparte sus debilidades para librarlos de ellas. Para eso le ha enviado el Padre. Sus palabras y sus obras aparecen entonces como la manifestación visible de su oración "en lo secreto".
Disposiciones para la Oración
1.- Fe: insistente, paciente, creciente y perseverante.
2.- Esperanza: de ser escuchado y correspondido.
3.- Sencillez de corazón: el Señor me ama tal cual soy.
4.- Humildad: aceptar la Voluntad del Padre. Dependemos y necesitamos de Dios.
Dificultades al momento de Orar
1.- Distracción.
2.- Aridez espiritual.
3.- Falta de disposición.
4.- Temor de no ser escuchados.
5.- No saber hacer silencio interior.
Tipos de Oración
El Espíritu Santo que enseña a la Iglesia y le recuerda todo lo que Jesús dijo, la educa también en la vida de oración, suscitando expresiones que se renuevan dentro de unas formas permanentes de orar: bendición, petición, intercesión, acción de gracias y alabanza.
1.- Bendición: Gracias a que Dios le bendice, el hombre en su corazón puede bendecir, a su vez, a Aquel que es la fuente de toda bendición.
2.- Petición: La oración de petición tiene por objeto el perdón, la búsqueda del Reino y cualquier necesidad verdadera.
3.- Intercesión: La oración de intercesión consiste en una petición en favor de otro. No conoce fronteras y se extiende hasta los enemigos.
4.- Acción de gracias: Toda alegría y toda pena, todo acontecimiento y toda necesidad pueden ser motivo de oración de acción de gracias, la cual, participando de la de Cristo, debe llenar la vida entera: "En todo dad gracias" (1 Ts 5,18).
5.- Alabanza: La oración de alabanza, totalmente desinteresada, se dirige a Dios; canta para Él y le da gloria no sólo por lo que ha hecho sino porque Él es.
Franco Abel Bonanno